El valor de los objetos


HARRY POTTER



Hoy le tocó baño a Hedwig


Soy fonoaudióloga. Acompaño niños, niñas y adolescentes con desafíos en la comunicación.
Cuando empezó la cuarentena, una de las formas que encontramos con la familia de Simón y de poder dar continuidad a nuestros encuentros, fue a través de la lectura. 

Encuentros de lectura.

A su papá se le ocurrió que como él estaba mirando  Harry potter, podíamos leer la saga juntos. Me vi envuelta en una  mezcla de felicidad y expectativa, no había leído ni visto las películas, y significaba para mi todo un desafío pero a la vez una aventura compartida leer un Señor libro. Teníamos proyecto.
Harry Potter y la piedra filosofal, 309 páginas, 17 capítulos, un capítulo por encuentro, casi cuatro meses de disfrute compartido, de encuentros esperados, de intriga y expectativa por saber como seguía la historia.
Pactamos con Simón que ibamos a leer un capítulo por encuentro y una página cada uno hasta terminarlo, Simón leería siempre la página final y se anticipaba a saber en orden de lectura si le iba a tocar a él o a mi, y, en ese caso yo leía dos páginas para cumplir con lo acordado.
Pasaron los días, meses, años....
 Ya estamos terminando el quinto libro, Harry Potter y la Orden del Fenix, 870 páginas.No debería escribirlo, porque eso no lo define.
Simón tiene 13 años y tiene un diagnóstico de trastorno del lenguaje, de la regulación sensorial y un trastorno por déficit de atención.
Pero lo escribo porque juntos, durante tres años, leímos casi 2685 páginas, en tiempos de caos y desórden, de angustias y pérdidas, de temores y miedos, de mucha incertidumbre, cada martes y jueves a las 15 horas nosotros nos juntabamos a leer. 
Lo que si define a Simón es la perseverancia, las ganas de aprender, el disfrute por las actividades compartidas. 

Esa especie de rutina ritual hizo toda la diferencia.

Hedwig, para quienes no saben, la lechuza y compañera mágica de Harry Potter, era uno de mis personajes favoritos.
Y llegó a mí de regalo en forma de llavero ( idea de la mamá de Simón). Me acompaña todos los días, cada vez que entr0 y salgo de mi casa. Ese pequeño inmenso objeto tiene el valor evocador de recordarme a Milo y su familia al menos dos veces por día, alguna que otra vez  más, cada vez que le toca un baño.

Las historias, las rutinas, los rituales, los objetos regalados con sentir y pensar, guardan en sí el poder  evocador de las personas que los regalan y comparten. 

Gracias a  Simón y a su familia, por el respeto, el cuidado, la presencia y la confianza.





Por las dudas tengo dos!
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